Recordando a la calle otoñada que olía al cafe tostado

Antes de empezar, recordar al pasado no es mi gusto, puesto que practico una filosofía que dice: hay más furturo que pasado. Tenemos una capacidad limitada de recordar al pasado, de todos modos, así recordar al pasado concluye a una reconstrucción de las memorias frágiles y selectivas para dar una justificación del presente. Esto no es un proceso de fraude, sino es un proceso de la construcción de la identidad. Sí, aquí entonces revela la vulnerabilidad de la identidad, porque está basada por las memorias frágiles y selectivas más que las concretas e incambiables. Un gran sabio de la historia, Don Quijote, así gritó: Yo sí sé quién soy y quién puedo ser si yo lo deseo. Es el deseo de cuáles memorias que uno colecta y reconstruye. La identidad es el deseo, y el pasado también lo es. Solo es una variedad del deseo. 

Entonces, se puede decir que es mi deseo acoger esta memoria justa de un otoño donde las hojas amarillas y doradas caían violentamente al suelo, visualizando los vientos inobservables. Cantaban ellas: todo lo que cae tiene alas. Pero aun teniendo las alas, yo pisaba la muerte de los ángeles dorados, pensando que ya en la tierra no hay espacio para abrazarlos. Caminaba y a veces andaba en la bici por la calle donde las hojas tiraban sus sangres manchadas. Era un empiezo de un épico, un poema y una narrativa. Porque nosotros somos capaz de escribir un libro por una historia de la muerte. 


Empezó nublar aquí en esta ciudad. Esta semana desde lunes venía lloviendo hasta jueves y hoy salió un sol en la mañana que me dejó aprovechar a broncear un rato en mi terraza por una hora. Y de nuevo se nubló. Mañana tendrá de nuevo un día de sol fuerte, pero hasta mañana va a seguir teniendo un clima medio otoñado así con nubes y vientos. Solo en esta escena la calle no está manchada de la sangre sino por la gente que se sienta en el borde de las calles tomando un café. 

Comparto este momento de café con la gente de la calle, escribiendo esta narrativa sentado en Fifí, un café ubicado en la calle Gorriti, mirando a la gente que pase por la ventana. Todo huele al café, como todo tiene sabor a café. Todo huele al otoño hoy aunque estamos en la primavera. Estoy dando unas mordidas al wrap que pedí, extrañando la mixtura de sabor a queso brie y champiñones grillados. Pienso y organizo lo que voy a cumplir en hacer durante mi estancía aquí. Hoy me va a pasar un día productivo. 

Sin sangre, sin alas, con viento y café.

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