El quinto piso

Ya se me ha acabado. Dos semanas en Santiago, de la conferencia, del curso y de la presentación. Hoy viernes es para la cierre del diploma y brindaremos con champán a las dos de la tarde. He tenido dos semanas muy intensas que no me han dejado mucho tiempo comer o descansar bien. Los rápidos almuerzos tenían menú limitado dado que no he podido cocinar y llevarlo al almuerzo. Por la prisa de regresar a la casa donde vivía, las habitaciones libres en las que me permitían ocupar mis amigos, las cenas también han sido algo lígeras. Pero así ha sido, y ahora empieza mi tiempo de vacación. Bueno, tácticamente no tanto, porque todavía tengo dos o tres trabajos pendientes de entregar para Febrero y Marzo. Aún así, sí, voy de viaje y tengo tiempo para aprovechar.

Empecé vivir en la casa de mi amiga chilena y después en la de mi amigo español. Últimamente en su casa, quedándome, he podido pasear su perro, Cayetano, al parque y a la calle. También correr con él me agradaba, por el sentido de que ayudara liberar a Cayetano de quedarse en la casa todo el día. Hoy en la mañana entonces fue la última vez que paseé con él, para dejarlo correr y limipiarse. Cuando regresamos y me puse empacar. De allí vi a Cayetano descansar, tomando el sol.

Y sabía que mi próxima semana va a ser lo mismo disfruto.

Entonces hoy en la mañana en el camino a la CEPAL, con el amigo hablábamos lo que me pasó anoche y cómo proyectarlo en una película: Antes de llegar a su casa me puse sentar en el borde de la entrada del edificio. Y vi a una persona llegar (por su privacidad, la nombro aquí Cp). Ya conocía a Cp antes, pero la verdad nunca he tenido un tiempo para conversar con Cp. Qué rara la vida nos conforma, porque la razón de que me puse sentar en el borde fue porque mi amigo no me respondía al momento que pensaba que no estaba en la casa. Pregunté al conserje que si había salido con Cayetano por pasear, y me dijo que apenas salió. Así Cp llegaba, Cp y yo nos reconocimos y también se puso sentar al lado mío. Entonces era un tiempo ya para conversar y conocernos más. Resultó que hace dos meses se mudó por este edificio. Nos conversábamos un rato.

De repente el conserje llegó por la puerta tocando el timbre de mi casa. Se le equivocó que no había salido y me conectó con mi amigo. Así yo subí con Cp y nos despedimos. Llegando a mi depa vi alugnos mensajes facebook que me Cp me mandó; decía que quería despedirse de mi con más formalidad por la noche. Tenía algo programado hasta 10:30pm, así que le dijo que estaría muy cansado por la noche, pero me dijo que me esperaría. Así le dije que sí le escribiría cuando terminara de todo. Cp vivía en quinto piso, y yo en tercer piso. De repente Cp se romantizó conmigo diciendo cosas dulces, pero ya que no agarro palabras volantes no me importaban mucho. Le dije que hay un piso entre nosotros que nos separa, y capaz ese techo le refería no solo algo tangible como también intangible, distancia psicológica y condicional por ejemplo.

Terminamos lo que estaba planeado. Regresamos a la casa y mi amigo empezó cocinar: una comida experimental fuera del estereotipo de color. La pasta era rojo y la salsa era azul. Con colorantes naturales uno puede hacer una comida simple pero de visión revolucionaria: la verdad, es lo que hace mi amigo. Tomar una vida cotidiana y la diagnostica con el color que no mucha gente ve en esa vida. Rico fue el plato, y después fregué los platos y salí por cuarto piso. Dije a Cp que nos viéramos en el cuarto piso, un piso entre medio.

Nos conversamos allá del trabajo, del viaje, y de la vida. Durante la conversación noté la tristeza que refleja en sus ojos. Cp ya tiene 35 años y no siente que haya logrado algo en su vida, que todavía está en inseguridad y inequilibirio de la vida. Uno no debe pensar así y victimizarse así dominado por su propia tristeza que generó por sí mismo. Tenía empatía pero le pedí el respecto de que me despidiera. Nos abrazamos para despedirnos y cuando terminé de abrazarle, aún no me soltaba. Era obvio que quería darme un beso, y yo lentamente me detracé alejando de la escena. Le dije adiós y buenas noches, y nos separamos, Cp por un piso arriba y yo por un piso abajo.

Cerré la puerta de la casa y empaqué todo listo para el día siguiente. Me mudaré a Manuel Montt. Vi mi cel y los mensajes que me habían llegado.

– Creo que me acabo de enamorar. Perdón por intentar besarte. Soy un tonto, solo te vi en mi puerta, después de haberte querido conocer siempre y fue extraño, creí que el destino te había puesto ahí y imaginé toda una tonta puesta en escena romántica. Pero soy un fracaso. Hoy estabas ahí y quizás deseé aprovechar esa oportunidad. Solo quiero que sepas que tu presencia hizo que mi corazón volviera a latir, fue increíble lo que provocaste en mi, sé que no fue más que una ilusión romántica de un destino perfecto, fui feliz por horas mientras esperé poder verte en esa fría escalera. Gracias por darte el tiempo de ir a despedirte, gracias por darme darme la oportunidad de mirarte a los ojos, gracias por tu nobleza, gracias por permitirme soñar. Un abrazado enorme.

Me puse pensar, y me puse dormir al momento que mi cabeza caía a los abrazos de almohada. Y el día siguiente me puse pensar de nuevo, ¿ese mensaje está siendo irónico a decirme al otro sentido? No sé que pensar, y dejé de pensar de los mensajes. ¿Debo responderle? Capaz hoy más tarde cuando me mude a Manuel Montt y descanse.

Esta historia es para el cortometraje al que voy a nombrar: el quinto piso.

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